Las elecciones en Haití y la ayuda internacional

Haiti-Elecciones

Associated Press

Los haitianos acudieron a las urnas el domingo pasado. Los candidatos fuertes fueron Mirlande Manigat, una profesora de derecho y ex-primera dama, y Michel “Sweet Micky” Martelly, una estrella de konpa direk, música tradicional haitiana.

Aunque los resultados oficiales no serán anunciados sino hasta en diez dias (una semana desde la publicación de este post), las preliminares le otorgan el triunfo a Micky Martelly.

El presidente tendrá un gran poder de decisión sobre los miles de millones de dólares donados por la comunidad internacional para la reconstrucción de la nación, cuya capital fue diezmada por el terremoto. La prioridad de ambos candidatos fue ofrecer vivienda para los afectados y refugiados del terremoto, que por el momento habitan las llamadas “tent cities“, y atender las necesidades que surgieron de la epidemia de cólera.

La perspectiva, como verán, es gris oscuro. El nuevo presidente tendrá poco por hacer en un país devastado y en donde los esfuerzos de ayuda internacional han demostrado no ser efectivos en lograr su cometido.

El tema de las “tent cities” es interesante porque un número grande de personas en los campos de refugiados han elegido permanecer en ellas. La vida es mejor allí que en los barrios infectados de pandillas, no hay que pagar renta ni servicio alguno. Agua, letrinas y servicios médicos son provistos por organizaciones no gubernamentales y grandes agencias como UNICEF o Médicos sin fronteras.

Explica, además, una de las posibles consecuencias no inesperadas de vertir sumas desorbitantes de dinero en ayuda internacional que pretende canalizarse por vía de instituciones estatales que fallan en llevarlas al destino adecuado para salir del subdesarrollo.

Yo diría incluso que no sólo no lo están logrando sino que no pueden llevar a cabo semejante hazaña. Sobre el tema, ver este corto artículo de William Easterly, Why Doesn’t Aid Work?.

Al fin y al cabo, el presidente no es la persona que ocupa el puesto sino las facultades y posibilidades que tiene al ocupar ese punto dentro de un sistema organizacional, a saber, el Estado. Cambiar el país tendría que pasar por un cambio al sistema de reglas que rigen el país. Sin ello, todo podría cambiar para que, como siempre, nada cambie. A lo mejor Sweet Mickey pueda poner el palacio presidencial a bailar a ritmo de su música, ya que la promesa que hizo de bailar desnudo en el palacio si quedaba presidente no podrá cumplirla: gracias al terremoto, claro.

En respuesta a la pregunta que lanza The Economist (¿Puede una elección presidencial cambiar lo irremediable del Estado haitiano?), habría que decir, sin duda alguna, que no.

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