Estoy en una conferencia de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) porque fui parte de un equipo de investigación que presentó un texto convocado por sus directivos.
El tema del evento es el combate a la impunidad y su relación con la libertad de prensa, pero luego de una maratónica serie de presentaciones por parte de universidades de más de 13 países me ocupa la duda siguiente:
Si estadísticamente la amenaza más importante a la libertad de prensa es la clase política (incluso los de Ciudad Juárez dijeron lo anterior), ¿por qué siguen avocándose al gobierno para la búsqueda de soluciones?
Todos proponen el establecimiento de políticas que generen concienciación entre los ciudadanos, que se creen organismos de verificación de la integridad de los periodistas, organizaciones gremiales, en corto, burocracia.
Otro rasgo de las propuestas es el de reformas legales que incluyan “periodistas” dentro de la tipificación de crímenes o agresiones.
Dos críticas, por ahora:
1) Si la burocracia ya existe y no ha ayudado a resolver la impunidad (a veces la potencializa), ¿Cuál es la lógica detrás de seguir ampliándola?
2) ¿Por qué no podemos manejar reglas generales y abstractas y verificar su cumplimiento haciendo que la justicia se imparta y se resuelvan los casos existentes, en vez de crear cada vez definiciones más específicas de legislación que no se cumplirá? Un asesinato de un periodista no es distinto que un asesinato de un civil o un funcionario público. Todos son personas.
Este discurso no es la norma pero sí es la mayoría.
Por ejemplo, me agradó una posición de un equipo argentino que buscaba crear una malla social (organizar a la sociedad civil existente, básicamente) porque reconoce que la mayoría de amenazas proviene de los políticos a quienes la información e investigación pública afecta más directamente. Aquí la lógica es distinta porque busca fomentar una red de asociaciones que ponga freno a quien quiera sobrepasar los límites de su función política adecuada.
Termino con una frase de Mises, de Nation, State and Economy:
Whoever wishes peace among peoples must fight statism.
Quien quiera la paz debe luchar contra el estatismo. (Trad. libre)
El caso concreto de CICIG, que es el que presentamos nosotros, es evidencia de como el paradigma anterior no funciona.